El estudio y análisis de suelos es una herramienta fundamental para comprender las características físicas, químicas y biológicas de este recurso natural. Estos análisis permiten evaluar la fertilidad del suelo, su capacidad para retener nutrientes y agua, así como su aptitud para diferentes usos, como la agricultura, la construcción o la conservación ambiental. Además, son esenciales para identificar problemas como la erosión, la contaminación o la salinización, lo que ayuda a implementar medidas correctivas y de manejo sostenible.
Entre los parámetros más comunes que se analizan en los suelos se encuentran la textura (proporción de arena, limo y arcilla), la estructura, la densidad aparente, el pH, la conductividad eléctrica y la concentración de nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio. También se estudia la materia orgánica, que es clave para la actividad biológica del suelo y su capacidad para sostener la vida vegetal y microbiana. Estos datos permiten tomar decisiones informadas sobre el uso de fertilizantes, enmiendas y prácticas de cultivo para optimizar la productividad agrícola.
Además de los aspectos agronómicos, el análisis de suelos es crucial en estudios ambientales, como la evaluación de impactos por actividades industriales, mineras o urbanas. Permite detectar la presencia de metales pesados, hidrocarburos u otros contaminantes que puedan afectar la salud humana y los ecosistemas. En resumen, el estudio de suelos es una práctica interdisciplinaria que combina ciencia, tecnología y gestión para garantizar el uso responsable y la conservación de este recurso vital.
Agrarios, sedimentos, lixiviados, lodos, compost, estudio mecánico de suelos, geotécnicos, geofísicos, concretos y asfalto para edificaciones, represas, obras viales, industrias y mineras en general.
✔ Textura (arena, limo, arcilla).
✔ Estructura del suelo (agregados y porosidad).
✔ Densidad aparente y densidad real.
✔ Capacidad de retención de agua.
✔ Permeabilidad y infiltración.
✔ Color del suelo (indicador de materia orgánica y minerales).
✔ Temperatura del suelo.
✔ pH (acidez o alcalinidad).
✔ Conductividad eléctrica (salinidad).
✔ Materia orgánica y carbono orgánico.
✔ Nutrientes esenciales (nitrógeno, fósforo, potasio).
✔ Micronutrientes (hierro, zinc, cobre, manganeso).
✔ Capacidad de intercambio catiónico (CIC).
✔ Presencia de metales pesados (plomo, cadmio, mercurio, arsénico).
✔ Contaminantes orgánicos (hidrocarburos, pesticidas).
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